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La lucha estratégica de los maestros



Las maestras y maestros del Perú tienen una rica tradición de lucha. Páginas de sacrificio y ardua labor se han escrito a lo largo de estos  años. Cambiarán los escenarios y los tiempos, sin embargo, la lucha continúa. Siempre será así.

Dado que la reflexión y la autocrítica son indispensables para poder aprender de nuestra historia, un primer aspecto a resaltar en la lucha de los maestros es su carácter profundamente político, necesario  e indispensablemente comprometido con una acción transformadora del país.

La lucha del maestro persigue una educación de calidad y el reconocimiento del valor del docente.

José Carlos Mariátegui escribió en 1928 acerca de la Convención Internacional de maestros en Buenos Aires “el maestro no puede ser indiferente a la política”, frase dramáticamente vigente. Cuando decimos política nos referimos al contenido amplio y a la vez firme de involucrar a los docentes en nuestro propio destino como educadores y ser partícipes conscientes de las decisiones que afectan de una u otra manera el desarrollo del país. Es necesario entender que no hay verdadera democracia, ni auténtica justicia, sin una educación de calidad social, donde  no existan exclusiones y los maestros estén reconocidos profesionalmente por el estado y la sociedad.

Una segunda cuestión de similar trascendencia es la de aprender a luchar. Además es imperioso obrar con inteligencia, la mayor objetividad posible y sentido de clase. Reconociéndonos a nosotros como actores principales de un escenario complejo y desfavorable, pero de la misma manera con innumerables oportunidades de levantar las banderas de una genuina reforma democrática por la educación.

En realidad se trata de ser cada día mejores luchadores por una patria educadora  y democrática que dignifique al maestro, haga suya la carrera magisterial potenciando los talentos, la capacidad y el esfuerzo, sin marginaciones, discriminaciones y autoritarismos.  

La unidad es un factor consustancial de las futuras victorias. No es solo un grito es una vocación, una acción permanente por sumar las múltiples sensibilidades, aspiraciones e inteligencias en pos de un objetivo común. Este no puede ser otro que la suma de las diferentes vertientes, posiciones y temperamentos en defensa de una escuela pública con maestros dignos y reconocidos, estudiantes en disposición de desarrollar sus potencialidades a partir de su talento y esfuerzo. Asimismo, una sociedad donde la educación esté divorciada del privilegio y la capacidad prevalezca por encima de cualquier ventaja material.

La estrategia del estado neoliberal, entre otros puntos, es  dividir y desprestigiar a la escuela pública al fomentar la inversión privada en educación. Se trata además de minimizar el gasto en educación, generar  precariedad, maestros en distintas condiciones laborales, acompañados de un escenario autoritario en lo administrativo, intolerante en la elaboración de políticas.

Los que apostamos por un cambio educativo realmente democrático tenemos el deber de construir una estrategia de unidad de los distintos sectores educacionales, nadie de buena fe puede quedar marginado, ningún espíritu unitario podrá dejar de aportar su esfuerzo en una mancomunidad cuyos más caros anhelos sean expresión de una sociedad justa y democrática. La educación es el instrumento de formación de ciudadanos verdaderamente libres, honrados, laboriosos, humanistas, tolerantes y patriotas.

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