Horacio Zeballos, ejemplo de lucha y maestro soñador

El Sutep combativo es el camino que no tiene destrucción.

 

El amauta, José Carlos Mariátegui decía en su libro ‘Temas de educación’ (1925) que: “Todas las ideas que están transformando la enseñanza en el mundo han brotado en el fecundo campo de experimentación y de creación de la escuela primaria”. Con esto, resaltaba la importancia del maestro en la formación del pueblo desde las escuelas. Por aquellos años existieron mucho forjadores de la educación, pero hoy recordaremos especialmente a uno, que además de ejercer la docencia, también fue un apasionado poeta y un consecuente luchador social, el moqueguano Horacio Zeballos Gámez.

El viernes 20 de marzo de 1942, alrededor de las 4 de la mañana, el cielo serrano del distrito de Carumas, provincia de Mariscal Nieto, recibía a Nicéforo Horacio Zeballos Gámez, el tercero de ocho hijos de don Celerino Zeballos y doña Sabina Gámez.

Su infancia la vivió en su pueblo natal, donde inició la primaria en 1948, en la escuela N°973 de Carumas. Desde niño fue un activo participante en las actividades cívico-patrióticas, además comenzaba a mostrar sus dotes como gran recitador y poeta. En 1955, continúa sus estudios en el Colegio Nacional “La Libertad”. Algunos relatos de sus compañeros de época destacaban en él su audacia, madurez de sus ideas, y facilidad para conectar su discurso cargado de emoción social con el resto de sus compañeros. 

Inicios como docente

«Un buen maestro se hace en los pueblos alejados, donde los gobiernos se olvidan que existen niños, allí se siente el amor a la patria, a la niñez y se trabaja en bien de la comunidad».

Para formarse como maestro, tuvo que viajar a la ciudad blanca de Arequipa, allí estudió en la Escuela Normal de Varones de La Salle, donde se tituló en diciembre del 63. Desde muy pequeño notó la ausencia del Estado en los pueblos alejados. Si bien nunca le faltó nada, pues su padre ocupó altos cargos políticos en su comunidad, lo que les permitió cubrir las necesidades básicas,l sintió la obligación de hacer patria en zonas del Perú olvidado. Por ello, ejerció su profesión en el alejado pueblo de Pitay, en la Escuela Primaria Mixta N°9678. Encontró un local en pésimas condiciones, construido con caña y barro. Gracias a su tenacidad y gran capacidad de gestión, logró la construcción de un local educativo, la donación de un terreno deportivo y la implementación de instrumentos musicales.

Los padres de familia de la zona lo recuerdan con particular cariño, pues su legado se construyó a base de grandes lecciones: “El maestro era muy terco para enseñar sus lecciones y tierno para perdonar errores».

Dos años más tarde se mudó al distrito de Sabandía, a la Escuela Primaria de Varones N° 968 y posteriormente a la Escuela N° 943.

Vida sindical

«¡Maestro, en tu libro de lucha he aprendido que no traicionar es un mandamiento!”

En las aulas Horacio conoció los grandes problemas que atravesaba la educación y el magisterio y entendió que la docencia no bastaba para reivindicar a esta noble profesión. Como él decía: “Existe una necesidad histórica de las masas de plantear y de luchar por las reivindicaciones más inmediatas encuadradas dentro de este tramo duro que es la democratización estatal. De ninguna manera se puede dejar al margen la cultura, el arte y fundamentalmente la educación para nuestro pueblo”.

En sus inicios en el Sindicato de Maestros Primarios de Arequipa, vio a un magisterio dividido, golpeado por la dictadura y empezaba a cuestionarse ¿Hasta cuándo iban a ser esclavos de corbata los maestros del Perú? Convencido de que el único camino para arrancar conquistas era la unidad, impulsó la creación del “Movimiento Independiente de Unificación Magisterial”, del cual fue secretario en el periodo de 1969 – 1971. Posteriormente, como representante en el “I Congreso de Unificación” realizado el 1, 2 y 3 de julio del 71 se logra la formación del “Sindicato Único de Profesores de Arequipa” (SUPRA), teniendo a Horacio Zeballos como secretario general. Paralelamente, desde 1970 se había cohesionado la tendencia clasista a través del Comité Magisterial de Unidad y Lucha (COMUL) donde los SUTEs cogen mayor fuerza a nivel nacional. 

La ausencia del Estado en la educación y la precaria situación laboral de los maestros fueron los detonantes para la realización del Congreso de Unificación del Magisterio Nacional que se realizó en Cusco con el propósito de ser un frente de lucha ante los abusos de la patronal. 

Es así que julio de 1972, luego de una gran movilización del magisterio nacional se funda el Sindicato Único de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP), donde Horacio Zeballos fue electo como primer secretario general. Con la conformación de su Comité Ejecutivo Nacional se fortalecieron las bases de su organización sindical, enarbolando un mensaje de clase: “Todo con las masas, nada sin ellas”. Ahora la unidad se forjaba en torno al Estatuto, al Pliego de Reclamos, a la Plataforma Reivindicativa y a los principios, métodos y estilos de clase. 

Producto del paro nacional del 24 de octubre de 1973, Horacio Zeballos fue apresado y confinado junto a otros 90 dirigentes en la colonia penal del Sepa por casi 8 meses. Durante su estadía en esta cárcel escribió parte de su obra literaria, siendo la más recordada ‘Alegrías de la prisión’.

Un hecho que marcó un hito importante en el magisterio, fue su declaración luego de su liberación el 13 de junio de 1974: “La libertad que hoy me otorgan es la libertad para seguir luchando”.

Para 1978, fue elegido nuevamente secretario general en un Congreso Ordinario en Puno, donde se prepararon las condiciones para afrontar una huelga que dio inicio el 8 de mayo del mismo año. Fueron 81 días de consecuente lucha que culminó con la instalación de una mesa de negociaciones con la dictadura militar de Francisco Morales Bermúdez. Sin embargo los puntos acordados jamás fueron cumplidos,

Una Asamblea Nacional de Delegados acuerda por unanimidad reiniciar la huelga el 4 de junio del 79, una larga lucha que duró 118 días y que no solo involucró al magisterio, sino también al pueblo peruano, quienes sintonizaron con las justas exigencias de los maestros. Como resultado, Horacio fue nuevamente detenido, sin embargo por su deteriorado estado de salud fue confinado en el Hospital de la Policía. 

Últimos años

“La lucha es una escuela y la victoria es la hija mayor del sacrificio, y el Sutep combativo es el camino que no tiene destrucción”.

Horacio continuó su vida política y en 1980 fue electo diputado por Arequipa, siendo parte de la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR). Sin embargo, no logró imponerse ante un Congreso que le daba la espalda al pueblo. 

Como gran líder de masas siempre estuvo al lado de la clase trabajadora.

Su condición de salud se vio gravemente deteriorada por los embistes de una vida llena de luchas desde las aulas y en las calles. La mañana del 7 de marzo del 1984 dejó de existir a causa de la diabetes. Fue despedido en una multitudinaria movilización mientras se llevaban el féretro a Arequipa, donde se encuentra su tumba. 

Con su deceso partió el líder sindical, soñador, poeta y movilizador de masas y nació el histórico legado que lo sitúa en el recuerdo de los maestros sutepistas alrededor del país. 

¡El Sutep continúa tu lucha!

¡Se siente, se siente, Horacio está presente!

¡Viva el Sutep!

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