La educación como compromiso de cambio

Lo que ha ocurrido desde el primer momento de la instalación de las políticas neoliberales en el Perú (con el fujimorato y específicamente en el escenario educativo) es la introducción de una lógica privatizadora que se impone a intereses particulares. De esta manera, fueron los responsables de dirigir la política educativa del país, sometidos voluntariamente a los dogmas del libre mercado y entregados a desarticular derechos laborales. Se disminuyó presupuestos y vulneraron el mandato del Estado como promotor y principal responsable del desarrollo escolar de millones de niños, los más necesitados, abandonados al destino de una política educativa que nunca los consideró prioridad.

Apostar por la educación es fundamental para convertirnos en un país desarrollado.

Así la educación pasó a ser de un Derecho Humano fundamental a una mercancía. Por un lado, empresa privada y, por el otro, el Estado promotor de aquellos. Se redujo el gasto al límite de la pauperización en el sector estatal, alejando a la gran mayoría del pueblo peruano de la opción de mejorar y desarrollar niveles de vida adecuados, e ingresando a un peligroso espiral de exclusión y necesidades insatisfechas.

El desarrollo científico tecnológico alcanzado por el ser humano demuestra las enormes potencialidades de una vida mejor. Sin embargo, paradójicamente frente a estas potencialidades, la realidad nos muestra como el irracional afán de lucro de los grandes poderes fácticos no permite el uso sensato, racional y armónico de los conocimientos científicos. La educación objetivamente puede convertirse en un elemento básico del desarrollo humano para el conjunto de ciudadanos, no obstante, son las políticas reduccionistas del Estado las que impiden este avance.

Un gobierno democrático en cualquier latitud del planeta siempre debe partir de la premisa de que la educación es un derecho humano fundamental. Concepto cuya plenitud va definitivamente más allá de una gestión, un servicio, una ley; encara una sociedad de hombres y mujeres, realmente libres, iguales en oportunidades para su realización plena como ciudadanos.

La experiencia educativa de sucesivos gobiernos neoliberales fue a contracorriente de estos postulados. Incapaces de resolver los problemas básicos en el ámbito educacional, se dedicaron a desprestigiar a los maestros, al SUTEP, intentando traspasar las responsabilidades estatales a los docentes. Se alejaron voluntariamente de los criterios mínimos de una buena educación; por el contrario, la negligencia y una mentalidad privatizadora a un derecho vital (Educación Básica Regular-Educación Superior-Educación Universitaria) fue cada vez más esquivo a los desposeídos, reproduciendo pobreza y marginalidad.

UN NUEVO RUMBO PARA LA EDUCACIÓN

Un cambio educativo es necesario para una propuesta seria de desarrollo nacional. Esta será inviable sin una valoración de la carrera profesional docente, donde se construya una relación de confianza y respeto entre el estado y su Magisterio.

Requerimos una educación en el Perú que afirme la propuesta de un país productivo, soberano, forjador de valor agregado a las materias primas. Que rescate valores como la solidaridad y la verdad y se responsabilice de generar en sus ciudadanos una vocación por la ciencia, la literatura, la historia, el deporte.

El maestro tendrá que ser protagonista principal del cambio educativo. Mirar más allá de las cuatro paredes de la escuela, ser promotores activos y entusiastas de la unidad sindical y popular. Cada uno de ellos será importante en la construcción de la gran corriente por una Nueva Educación Nacional. De esta manera, el Estado deberá comprometerse a crear una cultura y valores de una patria con justicia social que contenga una consideración especial a la educación y a los maestros.

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