100 años de la promulgación de la jornada laboral de 8 horas


En conmemoración por los cien años de la promulgación de la Ley de la jornada de las ocho horas en el Perú hemos consultado a diferentes profesores universitarios, activistas y líderes sindicales acerca de las condiciones que permitieron este importante logro de la clase trabajadora, así como los avances y retrocesos en materia de legislación laboral en nuestro país.
Del mismo modo, les consultamos acerca de las perspectivas futuras de las luchas por nuestros derechos, tanto laborales como ciudadanos, así como los nuevos retos y peligros que se enfrentan ante la arremetida del neoliberalismo globalizador.
Agradecemos a Carmela Sifuentes, vicepresidenta de la CGTP, María del Pilar Tello, docente universitaria, Rocío Silva Santisteban, escritora y activista, José Ñique de la Puente, jurista y docente universitario y Alfredo Velásquez, secretario general del Sutep, por su colaboración para la realización de este especial.
Ver las entrevistas completas aquí.

Contexto histórico y social
Debido al crecimiento del capitalismo y gracias a los avances tecnológicos producidos durante la revolución industrial, los obreros sufrieron condiciones de trabajo inhumanas, siendo obligados a trabajar en jornadas de 12, 14 y 16 horas sin ningún tipo de beneficio social.
El primero de mayo de 1889, por primera vez en la historia mundial, se alcanzó el derecho a la jornada de ocho horas gracias a los mártires de Chicago. La propuesta consistía en tener ocho horas para trabajar, ocho horas para el esparcimiento y ocho horas para descansar.
En el Perú, los sindicatos de panaderos, estibadores, textiles, etc. lograron este derecho luego de una  ardua lucha. Así fue como el 15 de enero de 1919 se alcanzó el derecho a la jornada de las ocho horas en el Perú.
Los derechos se arrancan, no se mendigan
Las luchas por los derechos de los trabajadores nos demuestran que la lucha de clases planteada por Marx a mediados del siglo XIX sigue vigente. Hay que tener en cuenta que existen diferentes intereses económicos entre trabajadores y empleadores lo que frecuentemente genera conflictos.
La historia nos enseña que los grandes derechos se han conseguido a través de arduas luchas que han costado cientos de muertos y miles de heridos. Son contados los derechos que se han alcanzado mediante el diálogo debido a la intransigencia de los grupos de poder económicos y políticos.
Aniversario y balance
Nuestros entrevistados nos recuerdan los avances y retrocesos en materia de derechos laborales desde la promulgación de la jornada de las ocho horas, en 1919, hasta nuestros días. En dicho periodo de tiempo, los trabajadores avanzamos con importantes conquistas, teniendo como auge la formación de comunidades industriales durante el gobierno de Velasco y un gran retroceso con la Constitución de 1993, que tiene un marcado carácter pro empresarial.
Actualmente, se pretende continuar con la flexibilización laboral so pretexto de fomentar la inversión privada. Los empresarios ven los derechos laborales como un costo pero no entienden que un trabajador bien reconocido es mucho más productivo.
Sindicalismo y ciudadanía
Históricamente, los sindicatos nos hemos enfocado en obtener mayores derechos laborales para los trabajadores. Hoy en día también participamos en luchas que integran a diferentes sectores de la sociedad para alcanzar los más amplios derechos ciudadanos.
Los derechos ciudadanos están compuestos por derechos políticos, civiles y sociales. Gracias a los sindicatos lo trabajadores pueden ser parte de la vida política del país. Así mismo, defendemos la democracia, los derechos de las mujeres y de las minorías, el derecho a la educación, al trabajo digno, la salud, etc. por lo que un enfoque integral en ciudadanía es más que necesario.
Hoy en día, tenemos la necesidad de generar contenidos para enfrentar la manipulación mediática y educar a la ciudadanía para que conozcan sus deberes y derechos.
100 años más de lucha
Los trabajadores enfrentamos nuevos retos. La globalización ha debilitado a los sindicatos mediante la atomización de la producción, haciendo más difícil la unidad de los trabajadores. Hoy más que nunca, tenemos que organizar la lucha nacional e internacional para enfrentar el peligro de los robots y de la inteligencia artificial que no exigen derechos (todavía). Esta tecnología, bien usada, podría garantizar un futuro promisorio para la humanidad, de otro modo, condenará a la exclusión absoluta a las masas de trabajadores que no tengan la educación necesaria para ofrecer servicios diferenciados y que solo cuenten con su mano de obra, así como a la destrucción del planeta producto del cambio climático.

 

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