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Historia del Sutep

El surgimiento del SUTEP se produce en un escenario político mundial de bipolaridad entre EE.UU. y la URSS, expresado en el ascenso de las luchas de los pueblos y países contra el imperialismo. A nivel nacional, durante el primer gobierno de Belaúnde, el escenario fue de crisis económica (desigualdades sociales, injusticia, centralismo) que, sumado al escándalo de la “página 11”, precipita el fin de ese régimen. Producto del golpe militar, el 3 de octubre de 1968, da inicio a la Dictadura militar de Velasco. En el nuevo escenario político, la lucha antidictatorial potenció el ascenso del movimiento sindical y popular.

Portada del Diario El Sol del Cusco que informa del inicio de la histórica asamblea de maestros que acuerda la creación del SUTEP. (Archivo Biblioteca Nacional del Perú)

El  SUTEP no surgió espontáneamente. Su nacimiento fue una necesidad histórica frente a la bancarrota del “sindicalismo libre”, que defendió el APRA durante tres décadas; la claudicación del reformismo; y la dispersión sindical magisterial por niveles. Frente a ello, los sectores clasistas del magisterio iniciaron un intenso trabajo de bases promoviendo una sola organización sindical magisterial con independencia política de clase, que luche por sus reivindicaciones, sin hipotecar sus intereses ni renunciar a los objetivos estratégicos del proletariado.

Bajo ese objetivo, en la década del 70, aparecieron dos corrientes enfrentadas. El Frente Clasista Magisterial (FCM) y el Comité Magisterial de Unificación y Lucha (COMUL). El primero impulsó el clasismo en el seno del magisterio, pero priorizando la orientación de sus luchas al aspecto político-ideológico, dejando de lado sus reivindicaciones concretas y perdiendo influencia como alternativa de dirección. El segundo, planteó la UNIDAD en la LUCHA y desde las bases; la desaparición de los sindicatos por niveles y la formación de los Sindicatos Únicos. Surgen así, los SUTEs, con mayor fuerza en 1971, enarbolando el programa y plan de lucha del COMUL.

Como corolario de este esfuerzo, hace 46 años nace el SUTEP en el Congreso de Unificación del Magisterio realizado en Cusco, un 6 de julio de 1972. Su objetivo fue unificar, luchar y conquistar reivindicaciones para el magisterio y pueblo peruanos. Se cierra así una etapa de conciliación, capitulación y divisionismo en el movimiento magisterial. Surge el sindicalismo genuino de clase, consecuente, febril, fértil y combativo que practica la línea de masas: “Todo con las masas, nada sin ellas”, que enarbola la lucha programática y reivindicativa basándose en la Unidad en torno al Estatuto, al Pliego de Reclamos, a la Plataforma Reivindicativa y a los principios, métodos y estilos de clase. Surgen líderes magisteriales con mística y convicción de clase: combinación de lucha económica y programática de duro cuestionamiento al sistema imperante.

Horacio y un importante sector de los delegados plenos asistieron al Congreso fundacional del SUTEP. (Foto: Archivo Sutep).

La constitución del SUTEP, representó la recuperación del pensamiento del Amauta en torno a un tipo de sindicalismo que tiene una concepción y práctica clasistas. Además, reconoció el rol social-histórico del magisterio peruano, pues, como dijera el Amauta de todas las victorias humanas, corresponde a los maestros el mérito; pero de todas sus derrotas, les corresponde la responsabilidad.

Así, pues, el SUTEP fue creación heroica de los maestros que buscaban un nuevo rumbo en la década del 70, del siglo pasado. Se dotaron a sí mismos de una herramienta valiosa de lucha con la que bregaron a lo largo de estos 46 años de vida fructífera, tanto en tiempos de dictadura como de democracia formal, defendiendo los sagrados intereses del magisterio y del pueblo peruano y derrotando todos los intentos de dividirlo o desaparecerlo, por parte de casi todos los gobiernos de turno y de los sectores que al interior del magisterio no entienden el valor de la Unidad.

Etapas de las historia de la lucha del SUTEP

Horacio y los maestros confinados en El Sepa, retornan a la capital acompañados del abogado Alfonso Barrantes Lingán luego de su liberación. (Foto: Archivo Sutep).

La historia de lucha del SUTEP la podemos resumir en dos etapas: antes del reconocimiento legal (de 1972 a 1984) y después del reconocimiento legal (a partir de 1984).

Durante la primera etapa se libraron las más heroicas jornadas de lucha exigiendo el reconocimiento legal y las reivindicaciones históricas del magisterio. La combatividad de los maestros llegó a niveles de heroicidad, sufriendo la más dura represión por parte de la dictadura militar. En 1973, como consecuencia del Paro Nacional del 24 de octubre, más de 500 maestros fueron encarcelados, 91 en la Colonia penal de El Sepa, entre ellos Horario Zevallos. En 1978 y 1979, el SUTEP ganó la legitimidad, respeto y solidaridad del pueblo y de los docentes del mundo, como consecuencia de las dos heroicas Huelgas Nacionales, luchas de profundo contenido político y social, democrático y antidictatorial. Fue una etapa de confrontación, ilegalidad, persecución, clandestinidad y dura represión. El objetivo de la dictadura se resume en su consigna “El SUTEP o la revolución”, el SUTEP respondió con unidad y lucha junto al pueblo. La dictadura militar fue derrotada por la lucha sindical y popular y el SUTEP siguió viviendo. 

Segunda reunión entre el Sutep y la dictadura militar. Los maestros exigen el fin de la persecución y la reposición de 278 docentes subrogados.

En la segunda etapa, durante el segundo gobierno de Belaunde, con la Huelga Nacional de 1984, se logra el reconocimiento legal del SUTEP y el nombramiento de los profesores contratados. Con las Huelgas Nacionales de 1984, 1986, 1988 y 1990 se logran importantes conquistas, entre ellas: la Ley del Profesorado 24029, conquista que algunos colegas no entendieron en esa época y afirmaron que no habíamos conseguido nada porque “la ley no se come”; pero hoy reconocen que fue una gran conquista. También la Ley 25212 que modifica la Ley del Profesorado y reconoce el derecho a la estabilidad laboral en la plaza, nivel, cargo, lugar, centro y turno de trabajo, conquista muy cuestionada por los neoliberales. El SUTEP combina la lucha de masas con propuestas programáticas. Los gobiernos de turno prosiguieron con su pretensión divisionista a través de diferentes organismos paralelos y de sectores discrepantes con el CEN del SUTEP.

Durante la dictadura civil militar de Fujimori-Montesinos, como consecuencia del autogolpe del 5 de abril de 1992 y de la aplicación del modelo neoliberal, se inicia un periodo nefasto con el predominio del SIN, las FF.AA. y los paramilitares. El movimiento sindical y popular, entre ellos el SUTEP, sufre duros golpes, traducido en la privatización de la educación, reforma curricular reduccionista, reducción del rol del maestro y el desconocimiento de importantes derechos sindicales. El SUTEP responde con la táctica de la resistencia activa y la lucha junto al pueblo, impidiendo que el neoliberalismo liquidara la educación pública y la estabilidad laboral. La disputa se centró en el aspecto programático, nuestra propuesta de Ley General de Educación y Cultura permitió deslindar con las opciones neoliberales y ganar a la opinión pública. Después de 10 años fenece la dictadura fujimontesinista en medio de denuncias de corrupción a gran escala, fraude y manejos ocultos por investigar.

Luego de la recuperación de la democracia formal, durante el gobierno de transición de Valentín Paniagua, se reinicia el diálogo con el SUTEP, producto del cual se logra el nombramiento de 22 800 maestros contratados y, por primera vez, 100 nuevos soles de bonificación especial por el Día del Maestro. También se consigue la participación del SUTEP en el Acuerdo Nacional por la Educación y la lucha por la restitución de los derechos conculcados por la dictadura. 

Más de un millar de maestros se concentran en la plaza San Martín en un acto de protesta durante la tercera Huelga Nacional Indefinida de 1984.

En el primer año del gobierno de Toledo, en 2002, después de una huelga de hambre, se logró el nombramiento de 30 000 maestros contratados. Con la VII Huelga Nacional, el 12 de mayo de 2003, se logra un Acta que contenía 40 puntos a favor del magisterio. Hecho cuestionado, como siempre, por la oposición interna.

En los gobiernos de Toledo y García, el SUTEP exige la restitución de los derechos conculcados por la dictadura mafiosa de Fujimori y Montesinos. Sus ministros Lynch y Chang asumen la tarea de dividir al SUTEP; el primero utiliza a elementos desclasados y el segundo, la CPM. Otro intento fallido, el SUTEP continuó vivo y vigente.

Durante el gobierno de Ollanta Humala (político converso que traicionó al magisterio y al pueblo peruano alineándose con el neoliberalismo), se realiza la X Huelga Nacional Indefinida, declarada ilegal pero que, pese a ello, tuvo un acatamiento del 85% a nivel nacional. La exigencia de la instalación de una Comisión de Trato Directo fue la consigna que presionó al gobierno para la atención de las principales demandas. Ante la presión nacional e internacional, el gobierno se vio obligado a instalar la Comisión de Trato Directo, primer paso para empezar a resolver algunas demandas. Como siempre, durante el desarrollo de la huelga, el anarquismo de todo pelaje buscó desacreditar las acciones de lucha, impedir el diálogo con el gobierno y evitar que la huelga sea exitosa.

La lucha del SUTEP hoy

2003. Una de las movilizaciones más grandes en la historia del SUTEP en rechazo al proyecto de privatización de la enseñanza disfrazado de municipalización. (Foto: Diario La República)

A 46 años de vigencia y lucha consecuente, el SUTEP enfrenta ahora una realidad innegable: su unidad e institucionalidad vienen siendo resquebrajadas por los sectores fundamentalistas del senderismo y todas sus variantes. En su afán de paralelizar y dividir al sindicato, estos sectores no vacilan en enfrentar a maestros contra maestros convocando acciones aventureras, al margen de los acuerdos orgánicos y centrando sus ataques contra el CEN del SUTEP y no contra el enemigo común: la patronal. 

La situación es preocupante y difícil. Para salir de ella es necesario partir de una autocrítica franca y sincera y reconocer nuestros propios errores, como dirigentes en los diferentes escalones, para, luego, implementar los correctivos y las tareas encaminadas a recuperar la unidad y la institucionalidad melladas. Los errores de conducción y de comunicación deben ser superados con un permanente contacto con las bases, manteniéndolas informadas de todo nuestro accionar y, sobre todo, organizadas y persuadidas de la necesidad de la defensa de la unidad y de la institucionalidad del sindicato.

2007. Sin diálogo previo, el Poder Legislativo aprobó la Ley de la Carrera Pública Magisterial, lo que concitó el rechazo multitudinario del magisterio. (Foto: Diario La República)
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