100 años de conquista de las 8 horas de trabajo en el Perú

La lucha por la jornada diaria de las ocho horas de trabajo, desarrollada por los obreros del Perú,  tuvo una duración de varios años, a diferencia de la realizada por el proletariado internacional de Estados Unidos, el cual la conquistó a base de sangre y fuego en el año 1886.

En el caso peruano no fue fácil. El pueblo tuvo que realizar grandes gestas por los derechos del proletariado, viviendo años de vicisitudes, represión y masacre. Esta lucha, heroica y tenaz, se dio contra los patrones y el Estado, quienes se unieron para enfrentar los reclamos obreros. Con esta acción se adjudicaron el título de auténticos enemigos de clase. Fueron años de intensa lucha que al final rindió frutos para la clase proletaria.

A fines del siglo XIX la industria moderna se desarrollaba cada vez más. En esta época, junto a la clase capitalista criolla, surgió el proletariado moderno, el cual se concentró en los sectores económicos del textil, alimentación, minería y agrícola. Aparecieron en escena los obreros, panificadores, portuarios, gráficos y ferrocarriles que conformaban las otras fuerzas sociales de notable importancia.

 

Muchos de ellos habían salido de las filas del artesanado, llevado a la ruina por la libre importación de productos extranjeros que inundaron Lima. De esta manera, a mediados del siglo XIX el grueso del artesanado peruano llegó a una crisis profunda luego de dar sus últimas batallas por impedir el ingreso masivo de mercaderías extranjeras.

Por consiguiente, los problemas que enfrentaba la clase trabajadora eran varios. El artesanado laboraba sin jornada de trabajo, es decir, de lunes a domingo (trabajando sobre lotes de pedidos) entre 10 a 16 horas diarias. Además, las condiciones eran pésimas: mala alimentación y salarios que no compensaba las continuas alzas del costo de vida. Asimismo, el trabajo no esta reservado solo a los adultos, hombres y mujeres, ya que también laboraban niños.

El 15 de enero de 1919, hace 100 años, se conquistó las 8 horas de trabajo gracias a la lucha de los obreros panaderos “Estrella del Perú”, textiles, tejedores, cigarreros, tipógrafos, albañiles, sastres y ferroviarios. A nivel provincial la lucha se dio en Arequipa, Huacho, Sayán, Pativilca, Trujillo, Talara y Negritos, entre otros lugares. Como resultado de estas heroicas jornadas de lucha que se iniciaron en el siglo pasado, el presidente José Pardo y Barreda (mediante el Decreto Supremo del 15 de enero de 1919) estableció en el Perú la Jornada de las 8 horas de trabajo.

Sin embargo, la actual administración del Presidente Vizcarra se ha convertido en la nueva defensora del programa neoliberal. Le ha realizado algunos cambios irrelevantes, pero sigue a favor de las trasnacionales. De esta manera, las condiciones de vida, trabajo, salud, salario y justicia social de los trabajadores han sufrido un enorme deterioro por acción de las políticas socioeconómicas aplicadas por el capitalismo neoliberal.

Asimismo, aplica la receta de los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internaciona, Banco Interamericano de Desarrollo y Banco Mundial) a quienes solo les interesa los indicadores de crecimiento macroeconómico, y que nada tienen que ver con la justicia social ni con la redistribución de la riqueza.

Debido a esto, se ha sepultado el Estado de bienestar y la estabilidad laboral, imponiendo de forma coercitiva la rigidez laboral, la contratación, tercerización y el trabajo precario. Lo que ha traído como consecuencia un acelerado crecimiento de la pobreza crítica y el marginamiento, la desnutrición y la depauperación general de la economía y la sociedad.

En vez de una reforma tributaria para acabar con la evasión impositiva de la plutocracia, el Gobierno anuncia una serie de políticas estructurales que lo muestran en la peligrosa perspectiva de continuar las prebendas y ceder el poder del Estado a los grandes grupos económicos mercantilistas, lobbystas y pro norteamericanos.

El Ministerio de Economía y  Finanzas plantea flexibilizar más aún el actual régimen laboral, acabando con los escasos derechos que todavía tienen los trabajadores, para beneficiar a un puñado de empresas que lucran con la patria. Entrega los recursos y modalidades (Alianza Público Privada) en los principales proyectos de inversión nacional (en petróleo, agro, minería, comunicaciones, industrias, comercio) a los grupos lobbystas, sobre todo chilenos y norteamericanos, para saquear los recursos y empobrecer a las poblaciones.

Rechazamos enérgicamente el DS N° 345-2018 firmado por el presidente Vizcarra el 31 de diciembre del 2018, entre gallos y medianoche, mientras los trabajadores y el pueblo luchaban exigiendo la renuncia de Chavarry. Dicho decreto garantiza el aumento de las ganancias de la clase empresarial de la forma más fácil, es decir, con salarios que dejan de hambre a los trabajadores.

El futuro del Perú se juega en esa lucha inclaudicable contra el capitalismo, que tiene hoy en el neoliberalismo su modelo más esclavizador y embrutecedor, como si viviéramos en su etapa comercial-industrial de los siglos XVIII y XIX.

Solamente la organización de una fuerza nueva, progresista, de cambio y transformación -capaz de comprometer con su ideario y su programa a la clase trabajadora, a los sectores patriotas y a las intelectualidad progresista- nos permitirá derrotar a las fuerzas de la derecha y conquistar el poder para transformar nuestro país desde una nueva perspectiva, es decir, una nueva República.

¡VIVA LOS 100 AÑOS DE CONQUISTA DE LAS 8 HORAS DE TRABAJO!

¡VIVA 47 AÑOS DE LUCHA DEL SUTEP JUNTO AL PUEBLO!

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